Fitoterapia e inmunidad en invierno: una visión basada en la ciencia

Fernando Hidalgo Zarco

Durante el invierno es habitual que aparezcan resfriados, gripes y molestias respiratorias, y con ellas aumenta el interés por “reforzar las defensas” utilizando productos naturales. En esta época del año, las plantas medicinales vuelven a ocupar un lugar protagonista en conversaciones, escaparates y redes sociales, a menudo acompañadas de promesas exageradas que hablan de sistemas inmunitarios “blindados” o de soluciones milagro para no enfermar. Sin embargo, cuando hablamos de salud y de fitoterapia, conviene detenerse un momento y separar con calma qué tiene respaldo científico y qué forma parte más del marketing que de la realidad.

El sistema inmunitario no funciona como un interruptor que se pueda subir o bajar a voluntad. No se trata de estimularlo sin control, sino de mantenerlo equilibrado y funcional. Un sistema inmunitario sano responde de forma adecuada frente a infecciones, pero también sabe frenarse cuando es necesario. Desde un punto de vista farmacéutico, este matiz es fundamental, porque una estimulación indiscriminada no solo no aporta beneficios, sino que puede ser contraproducente en determinadas personas, especialmente en aquellas con enfermedades autoinmunes, procesos inflamatorios crónicos o tratamientos que afectan a la respuesta inmune. Por eso, cuando hablamos de plantas medicinales para el sistema inmunitario, el objetivo real es modular y apoyar, no forzar ni sobreestimular.

Una de las plantas más conocidas en este contexto es la equinácea. Su popularidad es tan grande como los errores en su uso. La evidencia científica disponible indica que determinados extractos estandarizados de equinácea pueden ayudar a reducir ligeramente la duración de los resfriados y a disminuir la frecuencia de infecciones respiratorias leves en personas propensas a enfermar con facilidad. Ahora bien, estos beneficios no se observan con cualquier formato ni con cualquier pauta. Tomar equinácea durante meses de forma continuada “por si acaso” no solo no mejora su eficacia, sino que elimina gran parte de su utilidad. La experiencia en farmacia demuestra que funciona mejor cuando se utiliza de forma puntual, al inicio de los síntomas o en periodos cortos de prevención, generalmente durante dos o tres semanas, siempre con productos bien formulados y con dosis adecuadas. No es una planta para todo el mundo ni para todo el invierno, y ese es uno de los mensajes que más cuesta transmitir al público general.

Otra planta que merece atención especial es el saúco. A diferencia de otras opciones muy publicitadas, el saúco cuenta con estudios clínicos que respaldan su uso en infecciones respiratorias, especialmente en procesos gripales. Sus frutos contienen compuestos antioxidantes y flavonoides que parecen interferir con la replicación viral y apoyar la respuesta del organismo. En la práctica, los extractos de saúco han demostrado reducir la duración y la intensidad de los síntomas cuando se toman en las primeras fases de la infección. En la farmacia es frecuente ver cómo pacientes que acuden buscando antibióticos para procesos claramente virales mejoran de forma notable con un manejo adecuado que incluye descanso, hidratación y, en algunos casos, preparados de saúco bien indicados. No es una solución mágica, pero sí una herramienta útil cuando se emplea con criterio.

Menos conocida para el gran público, pero muy interesante desde el punto de vista farmacéutico, es el astrágalo. Esta planta, utilizada tradicionalmente en la medicina china, no está pensada para cuando ya existe una infección aguda, sino como apoyo en personas con defensas debilitadas, cansancio persistente o tendencia a infecciones recurrentes. Su acción es más lenta y progresiva, por lo que suele recomendarse en programas de prevención durante uno o varios meses, siempre bajo supervisión profesional. En estos casos, el astrágalo puede ayudar a mejorar la respuesta del organismo frente a agresiones externas, especialmente en épocas de estrés físico o mental, que suelen coincidir con los meses de invierno.

Junto a estas plantas, existen otros aliados clásicos del sistema respiratorio que, sin actuar directamente como inmunoestimulantes, contribuyen a crear un entorno menos favorable para los patógenos. El própolis es uno de ellos. Gracias a sus propiedades antimicrobianas y antiinflamatorias, resulta especialmente útil para la garganta y las vías respiratorias altas, ya sea en forma de sprays, jarabes o pastillas para chupar. El tomillo, por su parte, es una planta medicinal con una larga tradición y un respaldo científico sólido en el tratamiento de la tos y las infecciones respiratorias leves, gracias a sus aceites esenciales. Ambos se utilizan con frecuencia como complemento dentro de un abordaje más amplio y bien planteado.

El problema surge cuando se presentan mezclas complejas “para las defensas” con largas listas de ingredientes, dosis poco claras y promesas poco realistas. En muchos casos, las cantidades de planta son tan bajas que el efecto real es mínimo, más cercano al placebo que a una acción terapéutica. Esto no significa que sean peligrosas, pero sí que generan expectativas que difícilmente se cumplen. En consulta farmacéutica es habitual escuchar frases como “llevo todo el invierno tomando algo natural y aun así me pongo malo”, cuando en realidad nunca se estuvo tomando un producto con dosis eficaces ni con una indicación adecuada.

Por todo ello, el papel del farmacéutico es clave. La fitoterapia no consiste en acumular plantas ni en tomar productos de forma indiscriminada, sino en elegir bien, durante el tiempo adecuado y para la persona concreta. Un buen consejo profesional puede marcar la diferencia entre un uso responsable y eficaz de las plantas medicinales y una simple rutina sin resultados. La naturaleza ofrece herramientas valiosas, pero solo cuando se utilizan con conocimiento, evidencia científica y sentido común. En invierno, más que buscar soluciones milagro, conviene apostar por hábitos saludables, descanso, alimentación equilibrada y, cuando procede, plantas medicinales bien seleccionadas y correctamente utilizadas.

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