Después de los excesos: qué pueden aportar realmente las plantas medicinales

Fernando Hidalgo Zarco

Cada inicio de año trae consigo el mismo mensaje repetido hasta la saciedad: “hay que desintoxicarse”. Después de las comidas copiosas, el alcohol, los dulces y el cambio de rutinas, muchas personas sienten pesadez, hinchazón, cansancio o digestiones lentas. Y en ese contexto aparecen zumos verdes, infusiones depurativas y suplementos “detox” que prometen limpiar el cuerpo en pocos días.

El mensaje resulta atractivo, pero conviene hacerse una pregunta fundamental: ¿realmente nuestro organismo necesita un detox?

Desde el punto de vista científico, la respuesta es clara: el cuerpo humano ya dispone de sistemas de desintoxicación muy eficaces. El hígado, los riñones, el intestino y los pulmones trabajan cada día para metabolizar y eliminar sustancias que no necesitamos. No se “ensucian” por unos excesos puntuales ni requieren limpiezas exprés. Lo que sí necesitan es que les facilitemos su trabajo con buenos hábitos.

Esto no significa que las plantas medicinales no tengan un papel. De hecho, la fitoterapia bien utilizada puede ser una gran aliada para apoyar estos órganos, pero no de la forma simplista y exagerada que a menudo se transmite en redes sociales.

Cuando hablamos de plantas asociadas al concepto detox, hay algunas que destacan por su uso tradicional y, lo más importante, por contar con respaldo científico cuando se emplean correctamente. Entre ellas, el cardo mariano, la alcachofa y el diente de león ocupan un lugar destacado.

El cardo mariano es probablemente la planta más conocida para el cuidado del hígado. Sus semillas contienen un conjunto de principios activos llamado silimarina, con efecto antioxidante y hepatoprotector. En la práctica, esto significa que puede ayudar a proteger las células hepáticas frente a determinadas agresiones y favorecer su correcto funcionamiento. Es especialmente útil como apoyo en personas con digestiones pesadas, sensación de sobrecarga hepática o tratamientos que exigen un mayor esfuerzo al hígado.

Eso sí, conviene aclararlo: el cardo mariano no “repara” el hígado por sí solo ni compensa hábitos poco saludables. Funciona como un apoyo, no como una solución milagrosa. En general, se recomienda utilizarlo en forma de extracto estandarizado, lo que garantiza una cantidad conocida de silimarina. La posología habitual suele mantenerse durante varias semanas, normalmente entre 4 y 8, y siempre dentro de un enfoque global que incluya dieta y estilo de vida.

La alcachofa, por su parte, actúa principalmente a nivel digestivo. Sus principios activos estimulan la producción y secreción de bilis, lo que facilita la digestión de las grasas y reduce la sensación de pesadez después de las comidas. Muchas personas notan mejoría en síntomas como hinchazón abdominal o digestiones lentas cuando la utilizan de forma adecuada.

En este caso, la alcachofa puede tomarse antes o después de las comidas principales, también en forma de extracto estandarizado o preparados de calidad contrastada. Es una buena opción cuando el malestar digestivo aparece tras comidas copiosas o ricas en grasa, pero no está indicada en personas con obstrucción biliar, algo que conviene valorar siempre con un profesional sanitario.

El diente de león es otra planta que suele aparecer en los llamados detox. Tradicionalmente se ha utilizado por su acción digestiva y su ligero efecto diurético, que puede ayudar a reducir la sensación de hinchazón asociada a retención de líquidos leve. Utilizado con sentido común, puede formar parte de un enfoque de cuidado digestivo, pero no debe confundirse con un método para “eliminar toxinas”.

En la práctica farmacéutica, el diente de león suele recomendarse durante periodos cortos y como complemento a otros cambios más importantes, como mejorar la hidratación o aumentar el consumo de fibra.

Aquí es donde aparece una de las claves más importantes: ninguna planta detox funciona sola. Las plantas medicinales no sustituyen al hígado ni a los riñones, ni “arrastran” toxinas acumuladas durante meses. Lo que hacen es acompañar y apoyar procesos fisiológicos normales, siempre que se usen bien.

En la farmacia es muy habitual encontrarse con personas que buscan “algo fuerte para limpiar el cuerpo”. Muchas veces, tras una conversación tranquila, se descubre que el verdadero problema es el estreñimiento, una dieta pobre en verduras o la falta de actividad física. En estos casos, el mayor beneficio no lo aporta un detox agresivo, sino ajustar hábitos y, si procede, elegir una planta adecuada, bien dosificada y durante el tiempo correcto.

El problema de los detox milagro no es solo que no funcionen como prometen, sino que pueden generar efectos adversos, especialmente cuando incluyen laxantes potentes o diuréticos usados sin control. Además, refuerzan una idea errónea: que se puede abusar y luego “borrar” los excesos con un producto.

La realidad es otra. Cuidar el cuerpo es un proceso continuo, no una limpieza puntual. Si se decide recurrir a plantas medicinales tras un periodo de excesos, lo sensato es hacerlo con criterio: productos de calidad, durante un tiempo limitado, adaptados a cada persona y, siempre que sea posible, con el asesoramiento de un farmacéutico.

Conviene desmontar también uno de los grandes mitos actuales: no existe el detox de 7 días que arregla todo. Lo que sí existe es el cuidado diario, sostenido y consciente de la salud digestiva y hepática, y en ese camino la fitoterapia basada en la ciencia tiene mucho que aportar.

Como farmacéutico especialista en plantas medicinales, el mensaje final es claro: desconfía de las promesas rápidas y espectaculares. Las plantas no son ni mágicas ni inocuas. Bien utilizadas, son herramientas valiosas; mal utilizadas, una fuente de problemas evitables.

La verdadera desintoxicación empieza por entender cómo funciona nuestro cuerpo y por rodearnos de profesionales que nos ayuden a cuidarlo con sentido común y evidencia científica.

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